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A mi me gustan, decididamente sí.
Cuando empezó el movimiento se denominaba de "instrumentos originales" hoy más bien "interpretaciones históricamente informadas", pare efecto es lo mismo, aunque justo es reconocer que el concepto ha evolucionado mucho desde la sorprendente "misa en si" que grabó Harnoncourt, que se ha avanzado en varias direcciones no coincidentes y que coexisten algunas diferencias teóricas divergentes. Para mí aportó mucho, un nuevo sonido sobre todo, amplió enormemente el campo de la música y la percepción, y comercialmente ha salvado al mundillo del disco durante décadas. Además he disfrutado enormemente de las absurdas, pero inevitables, polémicas, a veces enriquecedoras, que incendiaron el panorama, a la vez que se cobraron algunas víctimas. En definitiva, quizás el acontecimiento más importante que ha atravesado la música clásica durante la segunda mitad del s.XX.
Esa es mi valoración, otra cosa es la actitud. Si en algún momento pude caer en el habitual maniqueismo o sectarismo guerrillero, pronto lo superé. Hoy no me pronuncio partidario "defensor" sencillamente me alegro que convivan ambas tendencias, enriquecen a la música y benefician al aficionado. En el barroco creo que ya no hay vuelta atrás. Hoy estoy escuchando los conciertos de Brandemburgo, los últimos de Gardiner y me parecen hidromiel a los oídos. Ayer, en mi plan de recuperar los lp's estuve escuchando lo mismo por Karl Richter, mi primera versión y hoy me suena a algo pesado, fangoso, intolerable y antidiluviano. Definitivamente el barroco es otro desde este movimiento, y lo mismo la música antigua en general. Y demos gracias a los Harnoncourt, Hogwood, Monrow, Leonhardt, Herreweghe, Goebel, Gardiner y continuadores, los que escuchamos habitualmente, sin tirar a la basura los discos de I Musicci o Leppard, a los que volveremos de tiempo en tiempo.
En el estilo clásico creo que pueden convivir ambos estilos sin problemas, en las óperas de Mozart, Harnoncourt, Gardiner o Jabobs han aportado logros orquestales interesantes, innegables, pero nunca descartarán o relegarán a los Muti, Krips, Klemperer Giulini o Kleiber padre. Lo mismo sirve para las sinfonías de Haydn o Mozart, maravillosas versiones de Harnoncourt, Pinnock o Bruggen, pero para nada empañan el placer de volver a escuchar a Bohm, Beecham, Bernstein, Walter o Szell, incluso Merrimer. En este periodo hemos salido ganado, tenemos mas oferta.
Mas discutible y dudoso sería el periodo romántico. Desde el mismísimo Beethoven es muy complicado encontrar grandes versiones HIP, no ya que releguen a las "románticas" sencillamente que compitan, y lo dicho sirve para Hogwood, Gardiner, Zinmann y los experimentos de Abbado o Rattle. No existen desde esta tendencia interpretaciones que puedan alcanzar el Beethoven de Szell, Toscanini o Baremboim. El mismo Harnoncourt lo reconoce así cuando se circunscribe a aportar determinadas reformas técnicas de alcance limitado, muy publicitadas pero poco esenciales en el sonido resultante. El pianoforte de Staier en Schubert me encanta, un placer, pero a años luz de Brendel. Giulini, Wand o Kleiber hijo habrán podido igualar a Furtwangler en su "única" "inacabada" de Schubert, pero desde el campo hip nadie ha llegado ni a soñarlo. Y no hablemos de Mahler, donde no lo han intentado, o de Bruckner, donde las interpretaciones de Herreweghe no pasan de respetables ejercicios de primer grado, ¡le queda tanto...! Lo que no implica que me niegue a escucharlos, incluso a disfrutarlos.
Y esto es lo que creo, producto de muchos años escuchando y calibrando y de una actitud mas reposada gracias al paso del tiempo, el movimiento ya es venerable. Otra cosa son los dogmatismos y guerras que esta historia ha provocado. Mucha gente, a la Trep o Poncela, se han atrincherado en actitudes cerradas (y algo sordas) en defensa excluyente de la corriente Hip, pero están más motivadas por lecturas y razones intelectuales y teóricas que por una una escucha atenta. O los Carrascosa, Gonzalez y otros críticos de revistas (en especial en Ritmo) donde los mismo prejuicios y conservadurismos teóricos les han impedido entender la realidad de esta historia, perdérsela, dando lugar a comentarios ridículos, e incluso jocosos, cuando "obligados" han de dar su brazo a torcer o rectificar. En cualquier caso, insisto, este movimiento ha sido una bendición para la música clásica desde los 50, siempre que consideremos que ha aportado, enriquecido, y no desechado nada de lo que había.
_________________ Cuando me paro a contemplar mi estado y a ver los pasos por do me han traído, hallo, según por do anduve perdido, que a mayor mal pudiera haber llegado;
Garcilaso de la Vega
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