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La gracia desbordante de El barbero de Sevilla nace de la conjunción de un magnifico libreto cómico (cosa con la que casi nunca contó Rossini) y de una partitura que se supera en ingenio e inventiva con cada uno de los números, en progresión verdaderamente asombrosa. Desde el Piano pianisimo hasta la stretta con que acaba el acto I; desde el dúo Pace e gioia hasta el sexteto final, toda la ópera es un auténtico crescendo de riqueza melódica, perfectamente ajustado a la acción burbujeante que plasma. Poco importa que los números más famosos se basen en piezas de otras óperas del mismo Rossini: la adaptación que de los mismos hizo su autor es, en todo caso, una lección de funcionalidad de su música, y de su maestria para adaptar temas serios a tramas jocosas o viceversa. Además de contar con verdaderos hitosdel repertorio - Ecco, ridente in cielo: aria cargada de dificilisimas agilidades para los tenores actuales; Largo al factotum, y La calumnia: dos verdaderas piedras de toque de toda la ópera bufa, y Una voce poco fa: cuántas cantantes han fracasado en la autentica expresión de "ma se mi toccano" -, El barbero es otra prueba más del dominio orquestal de Rossini, único en toda la ópera italiana del siglo XIX: La obertura; el magistral temporal; el acompañamiento de La calumnia, asi lo prueban, aunque sin llegar a cotas de L´Italiana. El retrato de los personajes mediante la música: el caracter noble de la canción del conde; los diversos aspectos de la personalidad de Rosina en Una voce, la mala idea de Bartolo en A un dottor, y la graciosa imitación del lenguaje rococó en su arietta del acto II, reminiscente de su juventud, etc., contribuye a que esta ópera se haya comparado sin ningun complejo de inferioridad a las obras maestras de Mozart, El rapto en el serrallo y Las bodas de Figaro. A pesar de que el rosario de números famosos de su acto I no tiene equivalente en el II, ello no constituye un defecto, ya que la rapidez del desenlace de esta última jornada sirve de equilibrio a la prolongada presentación de la primera. El barbero de Sevilla, la única ópera de Rossini que jamas ha desaparecido de los escenarios, es sin lugar a dudas, una de las más ricas consecuciones del lado amable de la vida, y tan imprescindible para conocer el alma humana como lo es Tristan e Isolda en su profundo retrato del amor y la amistad.
He publicado recientemente un Barvieri precioso, con Teresa Berganza en sus mejores momentos y mi admirado Manuel Ausensi, no os la perdais aunque tengais otras versiones, vale la pena.
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