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Con la pegadiza música de Caballeria nació oficialmente el Verismo, escuela que pretendia reflejar la vida cotidiana, sobre todo sus sucesos sangrientos y dramaticos, sin ningún adorno literario. Sin embargo, su plasmación musical se revistió de grandilocuencia, retórica y melodramatismo, elementos que ya están presentes en la primera ópera de Mascagni, aunque en dosis discretas que la hacen ser todavia eficaz. En su haber, Cavalleria posee una espontaneidad que une sus números sin tener que revertir a la forma trillada del recitativo de mero tramite, lo que le otorga una unidad singular. Por otra parte, sus mejores melodias son aquellas que tienen un sabor folklórico bien asimilado, como son la serenata de Turiddu, los solos de Alfio y Lola, y el famoso brindis. A pesar de que Mascagni usa diversos temas que le sirven al público para identificar a determinados personajes, los mismos que no tienen talla de leitmotive. El canto efectista de Cavalleria transformó el estilo di bravura de Verdi en otro que bien podria llamarse melodramático, el cual imperó en todo el mundo hasta bien entrados los años cincuenta del siglo pasado, y todavia sigue dominando la in terpretación de casi todas las obras de la escuela italiana a partir de Verdi que aún se representan; Ha habido épocas en que esta influencia ha llegado incluso a afectar a las óperas belcantistas del siglo XIX italiano y de la escuela francesa, cuya tradición de buen gusto casi llegó a desaparecer bajo esta avalancha de llantos, gemidos, y gritos estentóreos.
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