La ópera barroca hoy día está presente en todos los grandes teatros y auditorios, tanto en su forma original como en versión de concierto. Tiene muchísimos aficionados y se publican continuamente discos. Sin embargo no siempre ha sido así y durante más de un siglo estuvo semiolvidada y no suficientemente valorada. Su resurgimiento empieza a finales del XIX, empezando a ser considerada como se merece (o eso al menos pensamos hoy) después de la Primera Guerra Mundial, según afirman casi todos los musicólogos. El debate entre los que la consideran de “segunda” y los que piensan que es el origen de la gran ópera del XIX continúa abierto, nada raro teniendo en cuenta que el propio mundo de los amantes de este género musical siempre ha estado entre los “pro” y los “anti”: forma parte de su propia esencia.
Tanto la ópera seria como la ópera bufa en su origen estuvieron únicamente en los palacios y cortes; fue precisamente en Venecia, donde dio el salto a los teatros para un público más general (un público escogido y nada común, tampoco pensemos que fue nunca un espectáculo popular tal y como hoy en día lo entendemos), que pagaba una entrada para poder verla y escucharla. Es importante resaltar que la ópera barroca estaba pensada y compuesta no sólo para disfrute del oído sino también, y muy importante, para el goce visual. De ahí, quizá, la complejidad que entrañaban los montajes y que los temas elegidos fueran un tanto ficticios, pomposos, artificiosos (héroes mitológicos, exaltación de los príncipes, personajes bíblicos, etc.), muy apreciados en esa época, no sólo en la Música sino, como todos sabemos, en el Arte en general (Pintura, Escultura, Literatura…). Esto que parece una obviedad dado que la ópera es la suma del arte teatral y por tanto no sólo se va a escuchar sino también a ver (en todas partes menos en el teatro Real de Madrid), conviene resaltarlo cuando de óperas barrocas se habla para apreciarla mejor y entender sus argumentos y su composición. La escenografía es siempre importante, pero una ópera barroca representada tal y como se concibió en su día, es otra cosa. Por eso intentar hacer “adaptaciones”, “traslaciones”, “conceptualizaciones” y demás, aún siendo algo necesario a veces (no siempre) y lógico en el transcurrir de los tiempos, puede dar lugar a interpretaciones nada rigurosas en un momento en el que dentro de la musicología se tiende a ir a la esencia, al origen, a lo más verdadero posible en las interpretaciones. (Otra cuestión curiosa y propicia para debatir, como tantas y tantas otras en el mundo operístico).
Lo que si es cierto es que, como toda la música barroca en general, la ópera de este periodo goza de muchísimos seguidores y hay páginas bellísimas que hacen disfrutar a los melómanos de momentos insuperables. Precisamente algunos de esos momentos especiales, bellos, únicos y espectaculares son los que quiero exponer aquí: breves y excelsos fragmentos que permiten acercarse a este género, aunque sea de forma tangencial.
Como todo extracto o selección es subjetivo y discutible además de manifiestamente mejorable. Se trata sólamente de traer a colación algunos de los grandes compositores y obras, sabiendo de antemano que aunque no están todos los que son, si son todos los que están:
Claudio Monteverdi:Orfeohttp://www.youtube.com/watch?v=mjpFi9bn1do http://www.youtube.com/watch?v=0_kVeA1YGVYL´Incoronazione di Popeahttp://www.youtube.com/watch?v=QZO89O6gliUhttp://www.youtube.com/watch?v=uDyB_x0Tmuw Il Ritorno d'Ulisse in Patria http://www.youtube.com/watch?v=7HrALemt http://www.youtube.com/watch?v=9SSi7VE2 Francesco Cavalli:Ercole amantehttp://www.youtube.com/watch?v=E6Yie7mkMMg http://www.youtube.com/watch?v=lEishfRW L´Egistohttp://www.youtube.com/watch?v=tm_CADWfiMohttp://www.youtube.com/watch?v=7NOC27ZSeWc