Gorro escribió:
Abendrot escribió:
Es realmente antológico o está justo en la frontera de serlo y es muy, muy alucinante encontrarse en medio de esos dos minutos largos que dura el silencio posterior a la finalización de la obra (cosa que es santo y seña del milanés en su templo de Lucerna).
Sí que lo es, Abbado sabe perfectamente lo que quiere transmitirnos. El silencio al final de la Novena es tan importante como cualquier otro compás. Cuando la dirigió en Madrid, a pocos minutos de su conclusión, mandó rebajar la intensidad lumínica hasta que al final y minutos después de que la cuerda hubiese tocado su última nota, nos hallábamos prácticamente a oscuras y solo se podía vislumbrar ligeramente, la figura de Abbado de aspecto cansado pero imponente y con la mano alzada rogando silencio al público.
Hay a quien no le gustó porque fue un efecto extramusical no incluido en la partitura pero en mi opinión consiguió crear un ambiente mágico.
Entiendo que este efecto pueda no gustarle a mucha gente, puede que lo consideren una "pose", una pantomima para ganarse el favor del público y están en su derecho de entenderlo así, pero también pueden pensar, si ellos quieren, que significa todo lo contrario, que es un momento especial dónde la música ha perdido su componente "material" y se convierte en un arte de sensaciones, de espiritualidad. Es un efecto que se produce raras veces, pero que es primordial para comunicarnos con la obra; como la última página que lees de un libro o al final de una buena película, cuando quedas atrapado por unos segundos, tratando de asimilar el impacto que ha producido en tu vida (y no es ninguna tontería, pues son esas obras las que quedan grabadas en la memoria). Yo creo que la novena de Mahler, con ese último movimiento que parece terminar con "todo" es un buen argumento para dejarnos tocados "de por vida", ¿no es el final un buen momento para pensar en ello?. Hay personas que miran el reloj, cuando acaba la función quizá habían quedado con unos amigos a tomar unas cañas o tienen pendientes algunas tareas domésticas... ¿les ha producido la misma impresión?.
Creo, que a veces nos conviene este tipo de personas que nos detienen, nos ayudan a pararnos para reflexionar y tratar por unos pocos segundos de fusionarnos con la materia artística y humana de la obra.